Alvear
La historia de Alvear comienza en 1729. Hoy, casi tres siglos después, la bodega es uno de los emblemas del panorama elaborador jerezano. Fue en 1729 cuando el joven navarro Juan Alvear se trasladó a Córdoba destinado como alto dignatario de Hacienda. Pero también lleva con él su pasión por la viña y el vino, y en Montilla fundó la bodega Alvear.
De aqulla época data un símbolo de la bodega, las siglas C.B., correspondientes a las iniciales de Carlos Billanueva, asistente de Diego Alvear, quien fue el capataz de confianza de la firma. Los mejores vinos provenientes de la sierra se marcaban con las siglas C.B. De esta forma se fue creando el estilo Alvear que aúna moderación y homogeneidad en sus rasgos, todavía presentes en el fino C.B., marca centenaria y la más conocida de la casa.
Alvear es una de las bodegas de mayor prestigio y reconocimiento internacional de España, siendo la bodega más antigua de Andalucía.
Cuenta con extensos viñedos situados en los más famosos pagos de la Sierra de Montilla y Moriles (Córdoba), Las Puentes, El Lagarito y Rompebonetes. La cepa protagonista es la Pedro Ximénez, oriunda del Rin, base única de los vinos dulces, finos, olorosos y amontillados que elabora Alvear.
Los vinos de Alvear se introducen en botas de 512 litros de roble americano (criaderas y soleras), utilizando el sistema tradicional andaluz para envejecer vinos generosos y brandies.
La gran riqueza en azúcares naturales de la uva Pedro Ximénez hace que los vinos alcancen de forma natural un buen nivel de alcohol (hasta 15 grados) sin necesidad de encabezar (añadir alcohol para aumentar el grado del vino). Esta es la clave de los vinos finos y amontillados y de la intensidad de los olorosos de Alvear.
La crianza mediante el sistema de criaderas y soleras es dinámica, lenta y laboriosa, mezclándose los vinos procedentes de distintas cosechas con el objetivo de obtener un vino tipo. En el caso de los finos es fundamental la participación de levaduras apropiadas, que forman en la superficie del vino el llamado “velo en flor” y que proporciona al fino su aroma y sabor característicos. Para favorecer el desarrollo de estas levaduras se controla la temperatura y humedad en las bodegas, y se llenan sólo dos terceras partes de la capacidad de la bota, dejando así espacio para que se desarrollen las levaduras.
En el caso de los olorosos, a diferencia de los finos, se impide el desarrollo del velo en flor, de modo que la crianza se reduce a la huella que el roble y el tiempo dejan en el vino. Los amontillados proceden de un excelente vino fino que posteriormente recibe una crianza oxidativa adicional, dando lugar a vinos complejos y ricos en aromas.